
Eduardo Vasco
El 84% del presupuesto de la CPI viene de potencias imperialistas, que dictan sus investigaciones y protegen a sus aliados.
Escríbenos: infostrategic-culture.su
Para perseguir a gobernantes incómodos para el imperialismo, la CPI pasó por encima de su norma básica: limitar su actuación a los países que ratificaron el Estatuto de Roma. Sin embargo, mientras la Libia de Gadafi y la Rusia de Putin fueron víctimas de la CPI, Estados Unidos continúa impune. Y ha demostrado que, aun sin formar parte de la Corte, es quien verdaderamente manda en ella.
Cuando Bensouda intentó investigar los crímenes de guerra en Afganistán -sin limitar su investigación a la actuación del Talibán y del Estado Islámico, sino incluyendo a lo que ella consideraba los mayores criminales de aquella guerra (el ejército estadounidense y la CIA)-, sufrió una fuerte presión desde Washington, hasta el punto de resultar en sanciones gubernamentales. Sus cuentas bancarias y las de sus familiares fueron congeladas, y su marido fue espiado.
Finalmente, Bensouda fue sustituida por un nuevo fiscal dócil a Estados Unidos. Karim Khan modificó el enfoque de las investigaciones sobre Afganistán, declarando que daría prioridad al Talibán y al ISIS y retiraría la prioridad de Estados Unidos, alegando falta de recursos para una investigación más amplia.
Durante una de las muchas intervenciones militares francesas en África en este siglo (entre 2013 y 2016), soldados violaron y abusaron sexualmente de niños en campos de desplazados en la República Centroafricana. La ONU, aunque prestó una atención limitada al caso, fue acusada de una "grave falla institucional" por una comisión independiente, al haber permitido que las atrocidades continuaran. La CPI -que podría haber intervenido, dado que Francia es un Estado Parte y los magistrados franceses no lograron condenar a ningún soldado por una supuesta insuficiencia de pruebas- prefirió guardar silencio al respecto.
Durante el mismo período, en su intervención en el Sahel, soldados franceses -incluidos mercenarios de la Legión Extranjera- fueron acusados de asesinar civiles y de entrenar y armar fuerzas de seguridad responsables de masacres, ejecuciones sumarias y violaciones. Los gobernantes franceses tampoco tuvieron de qué preocuparse.
Por otro lado, la CPI incluso fingió examinar los crímenes de guerra cometidos por el Reino Unido en Irak, incluidas torturas contra prisioneros. Pero justificó el cierre del caso alegando que las autoridades británicas ya estaban llevando a cabo investigaciones internas, aun cuando la propia Oficina del Fiscal de la CPI reconoció que existía una "base razonable" para creer que tropas británicas habían cometido crímenes de guerra.
El Reino Unido no castigó a ningún oficial, aunque una investigación pública posterior concluyó que hubo violencia generalizada y un silencio corporativo -es decir, una responsabilidad de altos mandos militares-. Como el Reino Unido realmente no había sido capaz de concluir el caso, la CPI podría haber intervenido, ya que Londres integra el Estatuto de Roma. Pero la CPI volvió a lavarse las manos.
Ahora, como reveló Bensouda, Israel también está protegido, y no solo por las sanciones estadounidenses, sino también por la actuación de una burocracia de la CPI confabulada con el Mossad, que permite la injerencia directa e ilegal de Israel sin hacer absolutamente nada al respecto.
Una estructura dominada por las naciones imperialistas
De acuerdo con los datos disponibles en el último balance financiero de la CPI, correspondiente a 2024 y publicado en julio de 2025, es posible calcular que alrededor del 84% de toda su financiación proviene de países imperialistas y asociados (miembros de la OTAN, Suiza, Austria, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda). Sin embargo, en conjunto representan apenas el 28% de los Estados Parte del organismo. Mientras tanto, el resto de los países (72%) aportan solamente el 16% de su presupuesto.
Existe un claro desequilibrio estructural en la financiación de la CPI. Naturalmente, esto está directamente relacionado con la actuación parcial de la Corte. Como dice el dicho, quien paga manda.
La propia CPI considera que el 60% de los países africanos que la integran están "no representados" o "subrepresentados" en su estructura interna. Es decir, apenas el 40% cuenta con algún tipo de representación. Para los países latinoamericanos y caribeños, ese porcentaje es todavía menor: solo el 14% de los integrantes de la Corte están adecuadamente representados. En los países de Asia-Pacífico, la cifra es del 28%. En cambio, la mitad de los países imperialistas y asociados sí están debidamente representados, un porcentaje muy superior al de las demás regiones.
Según un informe de la Asamblea de los Estados Parte, el 56% de los funcionarios de la CPI en 2024 provenían del grupo compuesto por países de Europa Occidental y relacionados. Apenas el 16% eran africanos, el 11% provenían de Europa Oriental, el 8% de Asia-Pacífico y el 8% de América Latina y el Caribe.
Entre los 18 jueces actuales de la Corte, ocho pertenecen a países imperialistas y asociados, y cinco mantienen vínculos académicos y/o profesionales con instituciones hegemónicas de esos países. Los demás son altos burócratas estatales, generalmente de países cuya burocracia estatal es intrínsecamente dependiente del imperialismo.
De esta forma, queda claro que las víctimas de la CPI siempre serán los dirigentes incómodos para las potencias imperialistas. Mientras incluso Putin ha tenido una orden de arresto emitida por el organismo y los gobiernos africanos continúan siendo su objetivo favorito, ningún país de la OTAN ha sido jamás seriamente molestado por procesos de la CPI.
Los bombardeos con armas prohibidas en Yugoslavia en 1999, las torturas en Abu Ghraib y Guantánamo, las masacres en Irak y Afganistán, las violaciones en África o, más recientemente, la masacre en la escuela de Minab y los asesinatos semanales de pescadores en el Caribe y el Pacífico Oriental, no preocupan a los jueces de la CPI.
Precisamente por ello, la mayoría de los países soberanos que no se arrodillan ante el imperialismo jamás se adhirieron a la CPI. Cuba acusó al organismo de tener una política "selectiva contra los países en desarrollo". Corea del Norte calificó sus maniobras como "un producto de fuerzas hostiles".
Pero, junto con la declaración de Burundi, quizás la mejor definición de lo que es la CPI fue dada por el vicesecretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Alexander Venediktov: "Un títere obediente en manos del Occidente colectivo."