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¿es posible hoy el cambio de regímenes desde abajo ?

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Jhosman Barbosa

El cambio de régimen desde abajo hoy es imposible: el progresismo abandonó la conciencia de clase y las masas pauperizadas abrazan al fascismo.

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Los que hacen imposible la revolución pacífica harán inevitable la revolución violenta.

John F. Kennedy: Discurso pronunciado con motivo del primer aniversario de la Alianza para el Progreso dirigido al cuerpo diplomático de las repúblicas latinoamericanas. 13 de marzo de 1962.

Lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en ese interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados.

Antonio Gramsci Cuaderno de la cárcel 3 Passato e presente. Escrito hacia 1930.

No creo en las revoluciones que cambian el orden de las cosas y no cambian el corazón del hombre. 

Frase atribuida al matemático y enciclopedista Blaise Pascal, (1623 -1662) sin referencia exacta.

Al menos catorce siglos sin cambios desde abajo

El estudio de la historia, particularmente desde el siglo XIX, entrega una inmensa suma de análisis de las transiciones entre regímenes de producción socio económicos. Se puede decir de varios de ellos que, antes de la construcción de la conciencia de clase, -como hecho meditado y sistematizado, con dirección hacia la toma del poder y del Estado- en tanto piedra angular de un cambio desde abajo, los regímenes caían por la inercia de sus agotamientos estructurales y el acenso de otras élites cultivadas y coexistentes en el seno del régimen que luego reemplazaban.

La transición del esclavismo al feudalismo no fue desde abajo, desde los esclavos. Su impulso o sujeto revolucionario se encontraba en las capas medias de la sociedad, entre ellas comerciantes, tenedores de tierras y obviamente, de esclavos.

Éstos no estuvieron maduros para revertir tales condiciones desde la toma de las estructuras económicas, medios de producción, hasta mutar, tras un largo y doloroso proceso de casi catorce siglos de cambios paulatinos -en donde pasaron a llamarse siervos que obedecían a nobles feudales- en la cultura, las relaciones sociales, la recomposición de la vida material, la interacción entre las capas sociales mismas, el desarrollo de la ciencia, la salubridad, la paulatina alfabetización de las clases, etc.

Según el calendario gregoriano que nos rige, pasaron al menos catorce siglos, como señalé, para encontrar revueltas o revoluciones desde abajo cuya intensión mayúscula fuera la toma del poder político dispuesto a desplazar a las clases dominantes y reorganizar el orden social desde una base popular ya no conforme con la reducción de impuestos, la abolición de abusos concretos o la defensa de antiguos derechos adquiridos.

.Es interesante ver cómo la leyenda de Espartaco, -aquel habitante de Tracia (actual Bulgaria y Grecia) capturado para la diversión plebeya de Roma en los circos de gladiadores, en Capua, próxima a Nápoles, (73-71. A.C.)- se cultivó en los siglos XIX y XX como símbolo de emancipación, aunque en su propia época o años cercanos no.

De hecho, al liderar Espartaco la denominada Tercera Guerra Servil que amenazó a Roma, logró insuflar en su gente un ímpetu en torno al ser libre, como equivalente a no ser esclavo de Roma, según se puede inferir de lo que esboza el pensador Plutarco, en su biografía de la Vida de Craso, al describir el carácter de Espartaco.

Lo que esperara o pensara el líder tracio, no se sabrá. Acaso aniquilar a toda Roma y su orden o lograr un punto de equilibrio donde se le respetara su derecho a auto determinarse en libertad junto a su pueblo.

Lo cierto es que a nivel ideológico fue un punto de inflexión, al menos dentro de la historia occidental que para el caso que señalo explica que no hubo cambio desde abajo -y nunca la hubo desde el esclavismo- a otra forma por más de catorce siglos y Espartaco expresa un intento de autonomía a contrapelo de un imperio esclavista bajo una identidad de clase -el esclavo- encumbrada en una idea: la libertad.

En un largo proceso histórico, son muchos siglos de dominio de clase; hasta el siglo XIV, cuando se encuentra la Jacquerie francesa (1358) y la revuelta de los campesinos ingleses (1381). Posteriormente surgieron otras, sin éxito en el logro de sus fines, que no viene al caso detallar.

La revolución francesa de 1789, de carácter popular y burgués movida por comerciantes, profesionales y propietarios liberales, fue el punto de inflexión también para las revoluciones americanas, como se vio en la haitiana.

El poder de estas ideas se puso a prueba durante varias revoluciones europeas en el siglo XIX, como las dadas en Francia en 1830, de carácter liberal-burgués y la de 1848, con fuerte cariz socialista y la Comuna de París de 1871, de carácter socialista - cooperativista; o las revoluciones entre 1820 y 21, vividas en España, Portugal y Nápoles.

El siglo XIX abrió la puerta a la sistematización de varias costumbres espontaneas de cambio, deviniendo en Europa el cooperativismo, el anarquismo, el socialismo y sus diversas variaciones, entre ellas el socialismo científico con una intensión prospectiva de construcción de una sociedad sin Estado: el comunismo.

Entonces, encontrándose esta historia que llevo aquí muy a largas líneas, vinculada a Europa y América, se puede inferir, con cierta precisión, que solo hasta el siglo XVIII empezó a existir una intensión de cambio de régimen social desde abajo objetiva, pensada, planeada, con capacidad de reto a las estructuras dominantes desde la organización política, cultural, territorial, donde en última instancia se derrocara a la clase dominante, explotadora o invasora.

¿Es posible un cambio hoy de régimen desde abajo?

Parte de las grandes preguntas al respecto han sido: porqué si las condiciones de explotación y la brecha entre pobres y ricos se ha agravado, ¿no se aprecian revoluciones como las dadas al menos hasta la segunda mitad del siglo XX ? ¿Por qué el grueso de la sociedad ha aceptado la dominación ? ¿Por qué si la brecha en varios países de acceso a una alfabetización de calidad se ha allanado en la educación pública, no acrecienta ello la masa crítica que revierta su condición ? ¿Llega acaso la sociedad a aceptar unos mínimos vitales precarios en donde ya no le importa más que el desarrollo de la individualidad ? Lo que es peor, ¿por qué llegan a avivar al fascismo y los totalitarismos de ultraderecha?

Esta última pregunta -que aglutina en parte a las anteriores- fue el centro de la reflexión, no sólo de Gramsci, sino del psicoanalista Wilhem Reich, quien escribió la obra, Psicología de masas del fascismo. Su estudio tiene como objeto a la sociedad alemana y su clase obrera en tiempos del nazismo germinal, en 'esa ola reaccionaria que ha asolado Alemania en los años 1930 - 1933', como señalara el autor.

El investigador propuso, -proscrito del psicoanálisis por el propio Freud- una investigación que complementa al individuo en tanto psicología y al marxismo como crítica y comprensión del fenómeno social en lo macro, de lo que se decanta la psicología de masas como centro de su reflexión.

Es claro para el autor que el fenómeno del fascismo, o era anti dialéctico materialista, o era un error de tal materialismo haber descrito que, el desarrollo de las fuerzas productivas y de la conciencia de clase vinculada primordialmente a los medios de producción fabriles industriales llevaría inevitablemente al fortalecimiento del movimiento obrero revolucionario. Señala Reich:

Cualquiera que haya seguido y vivido la teoría y la práctica del marxismo de estos últimos años en la izquierda revolucionaria se habrá dado cuenta necesariamente de que ambas estaban limitadas al único dominio de los procesos objetivos de la economía y a la política de Estado en sentido estricto, que no seguían atentamente ni captaban eso que se ha dado en llamar el "factor subjetivo" de la historia, la ideología de las masas en su evolución y en sus contradicciones; [...] La aplicación del materialismo dialéctico a fenómenos históricos nuevos -y el fascismo es un fenómeno de este género, que no conocieron ni Marx ni Engels y que Lenin sólo examinó en sus inicios- no puede conducir a una práctica falsa, y esto por una razón muy sencilla, pero gravemente olvidada hasta hoy día: la aprehensión burguesa de la realidad se sale del tema de sus contradicciones y de sus datos reales [...]

De este modo el marxismo vulgar, cuya característica principal reside en negar el método del materialismo dialéctico prácticamente, no aplicándolo, ha llegado a concebir que una crisis económica de la magnitud de la de 1929-1933 debía producir inexorablemente la evolución ideológica hacia la izquierda de las masas afectadas.

Mientras que, aun después del fracaso de enero de 1933, se hablaba en Alemania de un "auge revolucionario", la realidad mostraba que la crisis económica, que debería haber entrañado según lo esperado, una evolución hacia la izquierda de la ideología de las masas, había llevado en realidad a una evolución hacia la extrema derecha de la ideología de las capas proletarizadas y de aquellas otras que se habían sumido en una miseria más profunda que nunca. De ello resultó un conflicto entre la evolución de la base económica que empujaba hacia la izquierda y la evolución de la ideología de grandes capas de la población que lo hacía a la derecha.

De esta extensa cita se deduce: i) el fenómeno del fascismo fue nuevo y derivado del proceso histórico europeo, alemán, particularmente hacia los años 30 del siglo XX; ii) dicho fenómeno propone como inflexión y reto al materialismo dialéctico la necesidad de implicar variables individuales, subjetivas para comprender el fenómeno estructural macro, por ejemplo, cómo las personas y sus ideas inciden en un régimen de producción; iii) de esta forma expresa -aun hoy en día- la contradicción entre, el rumbo que supondría lleva la base económica, a la sociedad hacia la izquierda (crisis del capitalismo en la Gran Depresión de 1930) y la acción de la ideología que lleva a la sociedad proletaria hacia la derecha (crisis en Alemania que llevó a la sociedad al fascismo).

Si bien esta investigación de Reich se ancla al análisis del fascismo respaldado por la clase obrera alemana en la primera mitad del siglo XX, en la actualidad, el regreso del fascismo es atizado en toda Europa central y del Este, desde los sectores populares y en América Latina las masas pauperizadas, jodidas, tras experimentar en mayor o menor medida salvaguardas al Estado de Bienestar, mediante los ciclos progresistas entre 1998 y 2026, con logros incontrovertibles, han girado hacia la ultra derecha fascista - sionista, abrazando a su némesis, a su victimario.

Lo mismo pasa a los estadounidenses. Aunque ellos por quien voten, votarán siempre por su negrero. Pese a llamar de manera ridícula y mentirosa a los demócratas como 'sector de izquierda', o al  propio alcalde de NYC como 'socialista', -que no lo es- en EE.UU. sólo hay enemigos del pueblo.

Para citar solo un ejemplo, el investigador emérito Richard Wolff de la universidad de Massachussets Amherst, ha señalado en varias entrevistas que, tras la Gran Depresión, hubo un fuerte acenso del sindicalismo que logró los pactos para fomento del empleo en el gobierno de Roosevelt (Wagner Act, National Labor Relations Act de 1935). Esto duró hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando se desactivó el pacto por parte del gobierno de Harry Truman, demócrata. (Ley Taft-Hartley de 1947) Si, demócrata, de esos que hoy llaman izquierda o comunistas.

Con este panorama donde los grandes centros tecnológicos, informacionales, complejos industriales militares y civiles dominan y además han logrado inducir y recibir, como se evidencia, la venia de las clases populares a su proyecto de: 'aniquilación de las clases que le eligen', el cambio de régimen desde abajo se hace hoy en día imposible.

Por si acaso, el progresismo no es un cambio de régimen. Es la administración del mismo régimen capitalista, donde se ponen salvaguardas al Estado de Bienestar. Su sujeto y actores de cambio, son en realidad de continuidad y transición, dudosa y débil y hoy en día en la mayoría de la región latinoamericana derrotados.

En resumen, se aprecia un lamentable fracaso de las ideas, fines y escatologías de la izquierda, ante un arribo blando de la llamada 'Internacional progresista' y los progresismos en Latinoamérica, que bastardearon el radicalismo fundacional de lucha de clases de la izquierda del siglo XX. Por lo mismo, se hace imposible un cambio de régimen desde abajo, pues los progresismos renunciaron a la construcción de la conciencia de clase y facilitaron el ascenso social a las capas pauperizadas, mismas que se sintieron parte de la sociedad de consumo y convidadas por derecho al banquete del 'progreso', votando, como señalé, por la derecha más rancia y enemiga, fascista.

No quiere decir esto que el único sujeto de cambio posible debe ser de talante socialista. Quiere decir que, hasta ahora, son las ideas de izquierda las únicas auténticamente antagónicas al capitalismo. Si surge otro que le combata de quizá otra forma antagónica, adelante. Pero hablo desde el registro de lo conocido.

Así, lo visto por Reich, el fascismo como psicología de las masas, continuó y se expandió por el mundo huérfano de estudio y praxis capaz de interpelarlo, de direccionar la relación subjetividad - sociedad como una sinergia comunitaria y vital, humana y holística, a la altura de los nuevos contextos y retos.

¿Cuál será el nuevo sujeto revolucionario?

Durante varios siglos no hubo un sujeto social revolucionario, transformador desde abajo, hasta el siglo XIV y uno teóricamente sólido, con una sistematización, acervo histórico y conciencia del poder, de las relaciones sociales de producción desenvueltas, sólo apareció hasta el siglo XIX con las teorías marxistas, algunas francesas y del socialismo ruso de Cherníshevsky; teorías y praxis donde se aprecia al trabajador explotado fabril o campesino, como el sujeto de cambio.

El siglo XX vivió la revolución más grande del mundo que aterrizó y materializó el acumulado idealista de la revolución francesa y el iluminismo europeo: la Revolución Bolchevique. Luego varias revoluciones de este siglo, donde para el Caribe figura la cubana y que hoy resiste a la cobardía criminal gringa, como una vela agitada por la tormenta. En estas dos revoluciones el sujeto revolucionario no estuvo vinculado al obrero, en tanto no tenían industrias desarrolladas, y más bien fueron ejecutadas por una base social intelectual ilustrada y universitaria devenida de una capa media conectada con el sector agrario campesino.

Durante lo que va del siglo XXI, no se avista un sujeto revolucionario. Las nuevas formas de identidad que cuestionaron la identificación con la clase social como núcleo de la resistencia anticapitalista, (la reconfiguración del empleo en la era digital también impactó este aspecto) paridas al fin de la Guerra Fría, pero gestadas desde las revoluciones culturales y artísticas, fomentadas en parte por la CIA y hoy en día por agentes millonarios como George Soros, atomizaron tanto los fines como los medios en varios actores amenazados por el mismo enemigo.

Han sido además estas nuevas identidades o autopercepciones cooptadas por el fascismo y si advierten a éste como enemigo no admiten a la izquierda como aliado; razón ésta que explica el sentido de la existencia del progresismo como mediador, entre la herencia revolucionaria del siglo XX y las nuevas demandas sociales derivadas del concepto en sentido amplio de lo 'intersectorial', desarrollado en los 80's por la jurista afroamericana Kimberlé Crenshaw.

En este orden de ideas, no aparece a la vista un nuevo sujeto revolucionario desde abajo. Quizá, como se ha señalado, a veces 'la originalidad consiste en volver al origen'. ¿No es tiempo de que el mundo vuelva sobre las teorías y prácticas más universales y humanistas del socialismo ? La respuesta urge y no se avista la llegada de un John O'Connor, -héroe de la película Terminator- ni un mesías, como Cristo.

Cabría preguntarse si un segmento de la élite que, en términos de Schumpeter, como anti - élite, más exactamente como 'circulación de las élites' con conciencia y percepción en 360° de las crisis multifactoriales que hoy asolan al mundo, sea quien haga un cambio de régimen hacia uno al menos no tan criminal. Este final de frase, 'no tan criminal', define mi pesimismo y mi falta de palabras para concretar un estatus ideológico volcado hacia el humanismo en plena era de la I.A. y la robotización basada en nuevos materiales y nanotecnología.

Retomando las ideas de las frases propuestas al inicio, la visión del presidente estadounidense John Kennedy sigue vigente y el mundo se encamina a agitaciones violentas. Nos encontramos en el interregno gramsciano en el cual se viven fenómenos morbosos y no habrá una revolución ni un sujeto de cambio suficientemente apto si no tiene claridad en su corazón del tamaño del reto y que comprenda el tipo de enemigo -el fascismo también tecnológico- a subvertir tanto en el plano económico, como el cotidiano, el de la vida material.

A este sujeto de cambio se le nombró en la URSS como el ' Hombre Nuevo' y lo retomó el Che Guevara con fuerza. Esa idea que entusiasmó a la liberal pareja francesa Sartre - Beauvoir en su visita a Cuba en 1960, es la que persiste ya algo borrosa en la resistencia revolucionaria de los cubanos de hoy en día. Nada ya se le parece. son hombres y mujeres capaces de la osadía y la herejía, aquellos imprescindibles que se vuelven canciones a elecciones a elegidos .

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