19/07/2026 strategic-culture.su  11min 🇪🇸 #320639

Los centros de datos entran en el campo de batalla

Estimados lectores, en la gran traducción del día les traemos un  artículo del académico Dr. Kamran Yeganegi en The Cradle que pone el foco en la copa del mundo 2026:

La infraestructura de inteligencia artificial está convirtiendo a Asia Occidental en un frente de la rivalidad entre las grandes potencias.

Escríbenos: infostrategic-culture.su

Durante décadas, las guerras en Asia Occidental giraron en torno a objetivos estratégicos ya conocidos: bases aéreas, instalaciones navales, terminales petroleras y los estrechos marítimos por los que transitaba gran parte del suministro energético mundial. Los planificadores militares comprendían que el control sobre estos activos determinaba el equilibrio de poder regional.

La última guerra de EE. UU. e Israel contra Irán pone de manifiesto que otra capa de infraestructura entra ahora en esa ecuación.

Mientras los misiles surcaban los cielos en múltiples frentes, la atención se centró en las defensas aéreas, las represalias y el riesgo de escalada. Sin embargo, bajo el campo de batalla visible, otra contienda estratégica se hacía cada vez más evidente.

Cuando la infraestructura se convierte en estratégica

Los gobiernos, los sistemas financieros, los servicios de inteligencia y las fuerzas armadas modernas dependen ahora de una red invisible de infraestructura digital que procesa enormes volúmenes de datos y que, cada vez más, da soporte a la inteligencia artificial (IA).

Los centros de datos -esos edificios discretos repletos de servidores que la mayoría de la gente rara vez percibe- están ocupando ese espacio. Hasta hace poco, se consideraban en gran medida instalaciones comerciales que daban soporte a la computación en la nube y a los servicios digitales.

Hoy en día están evolucionando hasta convertirse en una infraestructura crítica para la continuidad económica, la administración estatal y determinados aspectos de la toma de decisiones militares.

Incluso los responsables de las políticas energéticas se están adaptando a ese cambio. Como  señaló Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en 2024: "No hay IA sin energía -concretamente, sin electricidad-".

La IA no se basa únicamente en el software. Depende de la electricidad, los centros de datos, los semiconductores y las redes de comunicaciones.  El control sobre estos sistemas tiene consecuencias estratégicas.

En el siglo XX, el petróleo marcó la geopolítica al impulsar la industria, el transporte y la guerra. Hoy en día, la capacidad computacional está asumiendo un papel comparable. Los sistemas de IA dependen de un suministro eléctrico ininterrumpido, de centros de datos a hiperescala, de conectividad de fibra óptica y de la computación de alto rendimiento.

Este cambio está situando a  Asia Occidental en el punto de mira de la carrera mundial por la IA. La región aúna recursos energéticos, fondos soberanos, inversión impulsada por el Estado y una ubicación que conecta Europa, Asia y África. La electricidad se ha convertido en un elemento central de la IA, lo que refuerza el valor de las ventajas de las que ya dispone la región.

En consecuencia, Asia Occidental se está convirtiendo rápidamente en uno de los principales escenarios donde se configurará la futura arquitectura de la infraestructura global de IA.

Una nueva contienda por la potencia de cálculo

La IA ha abierto un nuevo frente en la competencia entre las grandes potencias. Las rivalidades del pasado se centraban en las rutas marítimas, el petróleo y la capacidad industrial. La fase actual gira en torno a quién construye, financia y protege los sistemas que hacen posible la IA.

Ahí es donde entran en juego los centros de datos.

Ya no se quedan al margen como granjas de servidores anónimas. Respaldan la resiliencia económica, la capacidad tecnológica, el trabajo de inteligencia y aspectos de la seguridad nacional. La influencia depende ahora de la capacidad para almacenar, procesar y transferir datos a gran escala.

Asia Occidental se ha convertido en un punto focal para esta inversión. En comparación con Europa, la energía está más fácilmente disponible. En comparación con muchas economías en desarrollo, los Estados del Golfo Pérsico pueden  financiar infraestructuras a gran escala.

La región también se sitúa en el cruce de rutas clave que unen tres continentes. Estas condiciones han atraído tanto a empresas tecnológicas globales como a los gobiernos.

Para Washington, el liderazgo en IA está vinculado a su posición tecnológica más amplia. Los centros de datos, las cadenas de suministro de semiconductores, los sistemas en la nube y las alianzas digitales forman parte de ese enfoque.

Asia Occidental ofrece las condiciones para la expansión de la IA

Cuando los Emiratos Árabes Unidos crearon el mes pasado su nueva Autoridad de Inteligencia Artificial y Datos, el primer ministro, el jeque Mohammed bin Rashid,  afirmó: "Nuestro objetivo es un gobierno más rápido, más inteligente y siempre un paso por delante, que utilice la tecnología para servir a las personas y construir un futuro mejor para la próxima generación".

En su intervención en el Diálogo Global de las Naciones Unidas sobre la Gobernanza de la Inteligencia Artificial, celebrado este mes en Ginebra, el ministro de Estado para la Inteligencia Artificial de los Emiratos Árabes Unidos, Omar Sultan al-Olama,  afirmó que "la inteligencia artificial se ha convertido en mucho más que un avance tecnológico", señalando su papel cada vez más importante en la forma en que los Estados toman decisiones, prestan servicios y estructuran el desarrollo futuro.

China está siguiendo una vía diferente. En lugar de alianzas, se ha expandido a través de infraestructuras vinculadas a la Ruta de la Seda Digital. Los puertos, las redes de telecomunicaciones, los cables de fibra óptica y los proyectos de ciudades inteligentes han desempeñado un papel importante.

Se está configurando un orden mundial más competitivo. Durante años, el ecosistema digital se ha formado en gran medida en torno a las empresas y los estándares estadounidenses. Ese dominio se enfrenta a presiones a medida que las infraestructuras respaldadas por China se expanden paralelamente en algunas zonas de Asia Occidental.

La competencia ya no se limita únicamente a la tecnología. Se extiende a los sistemas que la sustentan. Las plataformas en la nube de las que dependen los Estados, las redes de semiconductores que abastecen a la industria y las normas de ciberseguridad que configuran las redes tienen todas ellas gran importancia. El control sobre las infraestructuras extiende el poder más allá de la esfera técnica.

Estas cuestiones definirán la próxima fase de la competencia geopolítica, y Asia Occidental ya no observa esa competencia desde fuera.

La siguiente dimensión del conflicto

El valor estratégico de los centros de datos radica en lo que sustentan. Procesan flujos financieros, mantienen los servicios públicos, facilitan las comunicaciones militares y alimentan los sistemas de inteligencia y logística. Gran parte del funcionamiento del Estado moderno pasa por ellos.

Como  señaló recientemente Kaveh Madani, director del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas: "El debate público sigue tratando a menudo la IA como software, pero la IA es también infraestructura física: centros de datos, generación de electricidad, sistemas de refrigeración, redes de transmisión, chips, minerales, terreno y agua".

En este sentido, su papel se sitúa ahora al mismo nivel que el de otras formas de infraestructura crítica.

Esto cambia la lógica del conflicto. Durante décadas, los planificadores militares trataron de debilitar a sus adversarios atacando aeródromos, puertos, puentes, instalaciones petroleras y centrales eléctricas. Cada vez más, los conflictos futuros también podrían tratar de  perturbar la infraestructura digital que permite el funcionamiento de los gobiernos, los sistemas financieros y las organizaciones militares.

El objetivo no sería necesariamente la destrucción física. Podría ser, en cambio, la parálisis estratégica: interrumpir la capacidad computacional de la que dependen cada vez más los Estados modernos.

La reciente guerra ofreció un primer indicio de esta transformación. Aunque los misiles acapararon los titulares internacionales, el enfrentamiento también puso de manifiesto hasta qué punto las sociedades modernas dependen de una infraestructura digital ininterrumpida.

La IA se está integrando en el análisis de inteligencia, la logística, los sistemas de mando y control, la ciberseguridad y la administración pública. A medida que crece esa dependencia, la protección de los centros de datos podría llegar a ser tan importante desde el punto de vista estratégico como la protección de la infraestructura energética.

Para los Estados del Golfo, esto plantea un nuevo dilema estratégico. Los mismos países que aspiran a convertirse en centros mundiales de inversión en IA también deben prepararse para defender la infraestructura que hace posibles esas ambiciones. La construcción de centros de datos a hiperescala es solo el primer reto; garantizar su resiliencia durante las crisis geopolíticas puede resultar considerablemente más difícil.

Por lo tanto, la competencia futura se extenderá más allá de los incentivos a la inversión y las alianzas tecnológicas. Implicará cada vez más la ciberseguridad, la protección física, la resiliencia energética, la seguridad de la cadena de suministro y la estabilidad regional. La economía de la IA ya no puede separarse de la geopolítica de la seguridad.

El momento estratégico de Asia Occidental

Analizar la situación únicamente desde la perspectiva de la rivalidad entre EE. UU. y China subestima el papel de los actores regionales. A diferencia de anteriores cambios tecnológicos, los Estados de Asia Occidental no son meros anfitriones pasivos. Están intentando influir en los resultados.

Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Catar, Turquía e Irán  reconocen que la infraestructura de IA representa algo más que una modernización tecnológica. Se está convirtiendo en un activo estratégico capaz de generar diversificación económica, influencia geopolítica y soberanía tecnológica a largo plazo.

Este cambio abre la puerta a un papel diferente. En lugar de seguir siendo exportadores de energía, los Estados de la región se están posicionando como  productores de capacidad computacional. Esa ambición depende de la inversión, pero también del desarrollo de conocimientos especializados locales, del fomento de la capacidad de investigación y de la protección de las infraestructuras a largo plazo.

Lo que importa es cómo toma forma el sistema en su conjunto y quién ejerce influencia en su seno.

Una nueva geografía del poder

Durante gran parte del siglo pasado, la importancia de Asia Occidental se basó en los yacimientos petrolíferos, los oleoductos, los puertos y los puntos estratégicos. Estos siguen siendo fundamentales, pero ya no reflejan el panorama completo. Se está configurando una capa paralela, basada en la electricidad, las redes y los sistemas computacionales.

Los centros de datos forman parte de ese cambio. No como sustitutos de la infraestructura militar o energética, sino como elementos complementarios que sustentan a ambas. Su papel se desarrolla en segundo plano, pero contribuye a la capacidad estatal, la estabilidad económica y la función militar.

La pugna en torno a la IA no se decidirá únicamente por el software. Dependerá de quién construya y proteja la infraestructura que permita el funcionamiento de dichos sistemas.

En toda Asia Occidental, ese proceso ya está en marcha. La región sigue suministrando energía a la economía mundial. También está empezando a albergar los sistemas que sustentan un tipo diferente de poder.

Si las épocas anteriores se caracterizaron por la competencia por el petróleo, la fase actual avanza hacia la competencia por la computación. El resultado dependerá, en parte, de lo que se esté construyendo ahora y dónde.

Publicado originalmente po  The Cradle

Traducción:   Geopolítica rugiente

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