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27/08/2026 strategic-culture.su  8min 🇪🇸 #324680

Exclusiva: ¿podrá Trump lograr una salida sinllamarla así ?

Pepe Escobar

Estimados lectores, en esta gran traducción al español del día les traemos un nuevo artículo en SCF del gran geopolítico brasileño, Pepe Escobar. Recuerden que también tienen otros artículos previos aquí disponibles.

Escríbenos: infostrategic-culture.su

¿Realpolitik ? ¿Un grave malentendido ? ¿O una salida sin llamarla así?

Esto es lo que realmente está ocurriendo dentro de la sala -en realidad, de las salas-: información profundamente privilegiada y confidencial procedente de ambos centros de gravedad del drama actual, Teherán e Islamabad, apunta hacia una arquitectura emergente que va mucho más allá de la coreografía espectacular característica de Washington. Tal y como están las cosas, podemos utilizar la información que hemos estado recibiendo para comprender dicha arquitectura, afinar nuestras preguntas y trazar un panorama notablemente coherente.

En pocas palabras: la Administración Trump está dejando en cierto modo en suspenso la vía de la acción militar, mientras que Teherán mantiene la escalada en marcha. Los peligros abundan. La diferencia es que, tras el "viaje de todos los viajes" de principios de esta semana -el mariscal de campo Asim Munir viajó a Teherán para hablar con todos los actores clave-, Pakistán se encarga una vez más de los aspectos prácticos de una posible vía de salida para Trump del enfrentamiento a vida o muerte con Irán.

Munir viajó a Teherán con un mensaje estadounidense: Trump le había llamado de antemano, una vez más, suplicándole literalmente que ofreciera algún tipo de incentivo para que Teherán volviera a la mesa de negociaciones (que, en realidad, Washington había hecho añicos).

Posteriormente, Islamabad transmitió a Teherán que las nuevas sanciones estadounidenses podrían revocarse antes -o durante- la reanudación de las negociaciones.

Al mismo tiempo, a través del espantoso antiguo colaborador de Soros, Scott Bessent -el arquetipo de la arrogancia y la ignorancia-, el Tesoro de EE. UU. anunció una campaña de "máxima presión económica" extraordinariamente agresiva para estrangular la economía iraní, al tiempo que frenaba las medidas financieras -contra empresas y bancos chinos, por ejemplo- que harían que la "campaña" se convirtiera de inmediato en sistémica y fuera casi imposible de revertir.

Y, lo que es más importante, se ha dado un paso atrás en la vía militar.

En conjunto -y consideradas junto con lo que nos informan nuestras fuentes desde ambos centros de gravedad-, estas acciones conforman una arquitectura cada vez más coherente: una vía de salida que se está construyendo en tiempo real.

Trump -o el "neo-Craso"- mantiene la retórica de máxima presión por motivos de imagen interna y política. Washington conserva las sanciones reversibles como herramienta de negociación. Pakistán canaliza el tráfico político entre Washington y Teherán. Omán debate el mecanismo físico en torno al estrecho de Ormuz. Y Teherán mantiene intactos el estrecho, la presión sobre el transporte marítimo y sus opciones de escalada, al tiempo que pone a prueba si Washington está finalmente dispuesto a negociar en serio.

Así pues, esta es la conclusión clave: Irán no está capitulando, aunque Trump tampoco esté retrocediendo.

Ambas partes están tratando de crear el espacio político suficiente para dar marcha atrás sin admitir públicamente que lo han hecho.

Eso hace que la nueva ventana de oportunidad sea real, pero también extremadamente frágil.

Cómo preservar una escalada sin llegar a recorrerla

Munir viajó a Teherán con un mensaje específico de Estados Unidos que Washington quería transmitir a los dirigentes iraníes.

La posibilidad de que Washington -quizá- revoque las nuevas sanciones antes o durante la reanudación de las negociaciones demuestra que las sanciones son, en esencia, una palanca: un instrumento coercitivo que puede suspenderse, desmantelarse o incluso negociarse como parte de una secuencia pactada.

Como si se tratara de un paquete de presión que contiene su propia vía de salida.

El "Día D económico" estadounidense ha sido hasta ahora el habitual circo retórico empapado de bravuconería -que ha suscitado innumerables bromas en todo el Sur Global-. Washington se ha abstenido de dar pasos que transformaran inmediatamente la presión económica en una confrontación sistémica.

Traducción: Trump está preservando el margen de negociación. No se han quemado por completo los puentes hacia la diplomacia. Llámelo una pausa táctica en condiciones de extrema presión militar.

Mientras tanto, Irán y Omán han avanzado hacia un corredor de navegación temporal y un mecanismo conjunto de desminado.

Teherán lo tiene muy claro: esto no significa reabrir el estrecho de Ormuz. Traducción: eso es Irán demostrando flexibilidad al tiempo que conserva su ventaja estratégica.

Así pues, una vez más: Teherán no se ha rendido. Al contrario:

las exigencias siguen siendo muy duras, incluyendo un avance significativo por parte de Estados Unidos en materia de sanciones, activos congelados, el bloqueo marítimo y la presión militar coercitiva. Y, sobre todo: se trata de compromisos incorporados en el memorando de entendimiento "del gato muerto" -firmado bilateralmente- y cuyo cumplimiento es esencial antes de cualquier posible normalización en torno al estrecho de Ormuz.

Al fin y al cabo, Irán sigue conservando prácticamente todos los instrumentos coercitivos significativos: controles del transporte marítimo; listas negras; detenciones; presión sobre el tráfico marítimo; posible escalada contra los intereses estadounidenses; posible presión contra la infraestructura energética regional; y, en última instancia, opciones relacionadas con el umbral nuclear.

La señal clave, tal y como están las cosas, es lo que Teherán está optando por no (cursiva mía) hacer. Teherán se centra en la creación de canales de comunicación; la mediación; el intercambio de mensajes; y la diplomacia telefónica -y presencial-. No hay escalada estratégica. Teherán está preservando la escalera de la escalada, al tiempo que se niega deliberadamente -por ahora- a subirla.

¿Quién da el primer paso sin que parezca que lo da?

Bueno, es complicado. Washington quiere que Irán dé el primer paso. Teherán quiere que Estados Unidos dé el primer paso.

Trump no puede permitirse políticamente que parezca que Teherán le ha obligado a dar marcha atrás. A Teherán, por su parte, no le importa la imagen pública: lo que necesita es una prueba visible de que las negociaciones darán lugar a una acción recíproca por parte de Estados Unidos, en lugar de convertirse en otro mecanismo para que Washington obtenga concesiones iraníes sin renunciar a ningún instrumento coercitivo.

Pakistán, justo en medio, está intentando salvar esa brecha abordando la cuestión clave: ¿Quién da el primer paso sin que parezca que lo ha dado?

La información que hemos estado recibiendo nos permite comparar lo que Islamabad cree que está transmitiendo con lo que Teherán cree que está recibiendo. Ahí es donde reside la verdadera información de inteligencia.

Entre las preguntas clave se incluyen:

  • ¿Qué pretendía Islamabad que Teherán entendiera ? ¿Y qué entendió realmente Teherán?
  • ¿Qué respuesta está transmitiendo Teherán a través del canal?
  • ¿Qué podría Pakistán transmitir de forma verosímil a Washington?

Se ha establecido un nuevo circuito de comunicación. Parece que está funcionando.

Trump necesita un resultado que pueda vender como una victoria. Necesita que Irán vuelva a las negociaciones porque, supuestamente, la presión estadounidense ha surtido efecto. Necesita una distensión en el estrecho de Ormuz sin que parezca que está recompensando a Teherán. Necesita que la amenaza militar siga siendo creíble sin tener que iniciar realmente otra guerra potencialmente incontrolable.

Por encima de todo: necesita una salida que no parezca una salida.

Teherán, por su parte, necesita una reciprocidad estadounidense visible. Necesita pruebas de que las sanciones pueden levantarse realmente, en lugar de que solo se hable de ello. Necesita que desaparezca el bloqueo naval. Necesita la confianza de que las negociaciones no se convertirán en una trampa en la que Irán renuncie a su ventaja negociadora mientras Washington mantiene intacta toda su arquitectura coercitiva.

Y, sobre todo, Teherán necesita una fórmula creíble en torno al estrecho de Ormuz que preserve un control soberano suficiente para que no se perciba una imagen de rendición ni en el país ni en toda Asia Occidental.

Y eso nos lleva a Pakistán, que intenta que estos dos requisitos políticos, fundamentalmente incompatibles e intratables, encuentren un punto de encuentro.

Así pues, una vez más, volvemos a una posible vía de salida. Una pequeña apertura. Sin embargo, eso está lejos de ser un acuerdo.

Todo el proceso diplomático se desarrolla sobre el trasfondo de una confrontación militar muy grave y en curso. El bloqueo naval estadounidense sigue vigente. Teherán considera oficialmente cerrado el estrecho de Ormuz. La navegación comercial está totalmente expuesta. El riesgo de guerra sigue siendo bastante elevado. Irán conserva una capacidad de escalada considerable. Estados Unidos conserva una capacidad cinética abrumadora. Un simple error de cálculo podría seguir destruyendo todo el canal.

Tal y como están las cosas, la vía diplomática parece tener la iniciativa: tan estrecha, tan precaria, pero también genuina. El próximo paso decisivo será político, no militar. A menos que algún actor cierre deliberadamente la ventana primero.

Islamabad, a través del círculo del primer ministro Shehbaz Sharif -quien ha hablado directamente con Trump y con los dirigentes iraníes-, cree que existe una probabilidad significativa de que se reactive el memorando de entendimiento, con un margen de negociación de entre 60 y 90 días para que ambas partes alcancen un acuerdo más amplio y, al mismo tiempo, salgan de la espiral de escalada antes de que esto se convierta en una guerra completamente incontrolable.

Y entonces llega una noticia desde el interior de la oficina del presidente iraní Pezeshkian. Este se muestra profundamente satisfecho con la visita de la delegación pakistaní y con el mensaje que le ha transmitido Munir en nombre de Trump: "Es posible que esta guerra esté llegando por fin a su fin -con Irán como vencedor-".

¿Realpolitik ? ¿Un grave malentendido ? ¿O una salida sin llamarla así?

Traducción:   Geopolíticarugiente

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